Mis queridos padres, cuanto os quiseA mis padres
Mis padres fueron Martín e Isabel
Martín Chico Cano e Isabel Marín Sandoval
Mi padre fue guarda de las Minas de Gilico y me enseño cada uno de los rincones de ese precioso lugar.
Hay sitios que ya ni me acuerdo de sus nombres, otros vienen a mi memoria de vez en cuando, como el Quinito, donde se encontraba la mayor explotación de hierro a cielo abierto, la Casa Dirección donde vivíamos, un lugar privilegiado desde donde se denominaba todo el entorno, las Casas de Arriba donde vivían Juana La Coja, el Mudo, los Pulios, en las Casas de Abajo vivían entre otros los padres y hermanos de mi cuñado Juan que cuando se caso con mi hermana Eulalia arreglaron una casa detrás de sus padres que a mi me parecía preciosa y donde fueron muy felices con el nacimiento de mi sobrino Salvador.
Desde la casa Dirección se veía la escuela por donde se bajaba a casa de mi tío Juan Chico, en plena huerta, donde mis padres tenían unas bancales que les llamábamos “la huertecica” y donde sembraban cosas que luego se consumían en la casa. Cerca de la casa de mi tío Juan Vivian Los Pepas y había un camino que llevaba a casa de mi tío Señen y en las casas de alrededor vivían los hijos de mis dos tíos.
Mi padre tenia otra huerta en las estribaciones de la Sierra de Los Cambrones donde se cultivaba unos albaricoques riquísimos y unos melocotones que mi padre les llamaba “Marujas” eran gordísimos y de un sabor intenso y muy olorosos, también sembró perales enanos que echaban unas peras gordísimas, junto a esta plantación tenia mi padre una cueva donde guardaba el extractor, un aparato cilíndrico con el que extraía la miel de las cajas que tenia instaladas por todo aquel monte, recuerdo con gula el rico sabor de la miel recién extraída y que goce comerla con aquel par que elaboraba mi madre y que cocinaba en el viejo horno de leña.
Cuando me iba con mi padre al monte, también era guarda jurado de montes, me daba de beber en pozas que él protegía con algunas ramas para evitar que les cayera suciedad, y que eran un buen recurso en época de sequía.
Recuerdo como si fuera ayer, aquel jardín que tenia mi madre y que cuidaba con gran esmero y cuando corría con la perra “Chispa” o con “Estrella” por aquella plaza que aun existe delante de la Casa Dirección.
Cuando íbamos a buscar agua al pozo de abajo, porque el que había al lado de la casa no “hacia” tan buen agua. Se llenaban del agua de lluvia y como arrastraba un monto de segmentos había que limpiar el aljibe para que la suciedad y la tierra no cayera al pozo.
Éramos unos privilegiados para la época ya que teníamos un corral con todo tipo de animales, gallinas, pavos, cerdos, ovejas, vacas… y hasta una burra… yo de pequeño en verano me gustaba dormir en el pesebre de la burra, debajo de un pino que lo cubría como si a propósito se hubiera plantado, mi madre me decía “nene que te va a morder la burra”.
Cuando mi cuñado Francisco “El Goloso”, venia de La Copa a pretender a mi hermana María, cunado se casaron se fueron a vivir en una casa que había camino de la escuela, mi hermana hecho una pollera de pollos preciosa y yo con mi “inocencia”, por decir algo, hacia de cada pollo dos, que pena de animales, que bestialidad hacia. Cuñado mi cuñado se fue a trabajar a Alemania, me trajo una maquina de cine y yo proyectaba películas para los niños a 5 céntimos la sesión, que ¡¡negociante!!.
Debajo de la casa de mi hermana María estaba la fragua de las minas, allí comencé a trabajar yo con solo 7 años dándole al fuelle para que el “tío herrero” arreglara los picos, las palas, los punteros y las barrenas para el trabajo de las minas.
Mucho vecinos cogian esparto para hacer capazos para las minas, así se sacaban un sueldo extra, este trabajo solían hacerlo los mayores y algunas mujeres.
Recuerdo cuando, enfrente de la escuela, estaba trabajando “El Pulio” con mi cuñado Juan en una cantera y se deslizo una placa que lo aplasto falleciendo en el acto, recuerdo que era martes por la tarde, yo venia de Bullas y La Copa, en Bullas habíamos vendido unos chinos pequeños y con el dinero que habíamos cobrado por ellos compramos en “Los Estrellos” de La Copa vino del que ellos mismos elaboraban en sus bodegas, el viaje lo hacíamos en la burra al igual que cuando íbamos a Calasparra los viernes que era el día del mercado, la burra la dejábamos en la posada que había junto al mercado en la avenida principal del pueblo.
Aunque fui muy feliz allí con mis padres y mis 5 hermanas, también tengo tristes recuerdos, como cuando murió mi hermana Ana en el Collado Alto, cerca de Elche de la Sierra y la trajeron a velar a la casa de Gilico, después fue enterrada en el cementerio de Calasparra, dejando 4 hijos, la más pequeña Ana, recién nacida y a la que tubo que criar mi madre, pero sobre todo mi hermana pequeña Esperanza.
Cuando las minas ya tenían pocos trabajadores e iban en declive me dejaron llevando las oficinas y el almacén y de vez en cuando tenia que subir a Cehegín para entregar cuentas en la oficina central, que frío hacia algunas veces en la moto con mi padre, me pegaba a él para minimizar el frió viento que nos daba.
Que contraste de recuerdos y sensaciones me trae Gilico…
En la plaza de la Casa Dirección caímos hogueras por San Juan y mis padres no reñían por si le pegábamos fuego a algún pino de los muchos que habían en los alrededores, especialmente uno milenario que había en la cuesta que llevaba a la escuela.
Frente a mi casa paraban las vagonetas aéreas que llevaban el mineral desde el Quinito a la estación del tren de Calasparra, en época de primavera criaban los pájaros en nidos sobre las torretas que soportaban los cables de las vagonetas y subíamos a coger los nidos con el peligro de habernos caído y matarnos por aquella altura que superaba los 4 pisos de un edificio actual.
Recuerdo de muy pequeño que el Gobierno de Franco mando hacer una “corta” de leña en los bosques que rodeaban Gilico, montes del Estado, aquello dio mucho trabajo a la gente, pero después fue caótico para los animales del bosque y para los vecinos que vivían muchos de ellos de su carne.
El buen cocinar de mi madre y lo hospitalarios de los dos, siempre atraían a la Pareja de la Guardia Civil, el cura Don José Escribano que decía misa en la escuela y que venia de Valentín, o los ingenieros de las minas o del monte que se ponían como el “Tio Quico”, como se decía antes por allí.
También recuerdo cuando llego el primer aparato de radio a Gilico, todos nos reuníamos alrededor en el para escuchar Radio Intercontinental de Madrid, Radio Barcelona o radio Madrid, Radio Andorra, Radio Murcia o Radio Juventud de Murcia y poco después Radio Calasparra o Radio Bullas donde di mis primeros paso en la radiodifusión con un programa que recaudaba dinero de los vecinos para construir viviendas sociales que mando construir Don José Escribano que fue trasladado de Valentín a Bullas.
Ha, recuerdo que había una emisora de radio que estaba prohibida y por eso y por su contenido les gustaba oír a los mayores, Radio España Independiente, Estación Pirenaica, donde se podía oír unos mítines muy patrióticos de La Pasionaria y de Santiago Carrillo.
Yo recuerdo que, escuchando Radio Juventud de Murcia, un programa infantil por las tardes, me hice socio del club, quería experimentar los que, desde Gilico no podía.
De hecho monte una hipotética emisora de radio hecha con palas de chumbera y hacia discos de cartón con los nombres de los artistas y yo mismo cantaba los temas como aquel de Manolo Escobar, “ni se compra ni se vende” o “yo soy un hombre del campo”.
Nos marchamos a Calasparra y yo depuse a Murcia, Mallorca, etc. Y cuando he vuelto de nuevo a Gilico no he podido remediar unas lagrimas viendo todo aquello donde fui tan feliz durante mi niñez, totalmente abandonado y destrozado.
Hay algo que me viene a la memoria, cuando bajaba a recolectar hojas de eucalipto que las cocía mi madre para tomas “vahos” cuando estábamos resfriados, de paso me acercaba al río Quipar que pasaba frente a las torvas de las minas que era donde estaban los eucaliptos y pescaba con mis propias manos debajo de las piedras unas barbos (pescados) precioso y que me madre hacía en tartera con patatas al horno o fritos.
Mis padres fueron Martín e Isabel
Martín Chico Cano e Isabel Marín Sandoval
Mi padre fue guarda de las Minas de Gilico y me enseño cada uno de los rincones de ese precioso lugar.
Hay sitios que ya ni me acuerdo de sus nombres, otros vienen a mi memoria de vez en cuando, como el Quinito, donde se encontraba la mayor explotación de hierro a cielo abierto, la Casa Dirección donde vivíamos, un lugar privilegiado desde donde se denominaba todo el entorno, las Casas de Arriba donde vivían Juana La Coja, el Mudo, los Pulios, en las Casas de Abajo vivían entre otros los padres y hermanos de mi cuñado Juan que cuando se caso con mi hermana Eulalia arreglaron una casa detrás de sus padres que a mi me parecía preciosa y donde fueron muy felices con el nacimiento de mi sobrino Salvador.
Desde la casa Dirección se veía la escuela por donde se bajaba a casa de mi tío Juan Chico, en plena huerta, donde mis padres tenían unas bancales que les llamábamos “la huertecica” y donde sembraban cosas que luego se consumían en la casa. Cerca de la casa de mi tío Juan Vivian Los Pepas y había un camino que llevaba a casa de mi tío Señen y en las casas de alrededor vivían los hijos de mis dos tíos.
Mi padre tenia otra huerta en las estribaciones de la Sierra de Los Cambrones donde se cultivaba unos albaricoques riquísimos y unos melocotones que mi padre les llamaba “Marujas” eran gordísimos y de un sabor intenso y muy olorosos, también sembró perales enanos que echaban unas peras gordísimas, junto a esta plantación tenia mi padre una cueva donde guardaba el extractor, un aparato cilíndrico con el que extraía la miel de las cajas que tenia instaladas por todo aquel monte, recuerdo con gula el rico sabor de la miel recién extraída y que goce comerla con aquel par que elaboraba mi madre y que cocinaba en el viejo horno de leña.
Cuando me iba con mi padre al monte, también era guarda jurado de montes, me daba de beber en pozas que él protegía con algunas ramas para evitar que les cayera suciedad, y que eran un buen recurso en época de sequía.
Recuerdo como si fuera ayer, aquel jardín que tenia mi madre y que cuidaba con gran esmero y cuando corría con la perra “Chispa” o con “Estrella” por aquella plaza que aun existe delante de la Casa Dirección.
Cuando íbamos a buscar agua al pozo de abajo, porque el que había al lado de la casa no “hacia” tan buen agua. Se llenaban del agua de lluvia y como arrastraba un monto de segmentos había que limpiar el aljibe para que la suciedad y la tierra no cayera al pozo.
Éramos unos privilegiados para la época ya que teníamos un corral con todo tipo de animales, gallinas, pavos, cerdos, ovejas, vacas… y hasta una burra… yo de pequeño en verano me gustaba dormir en el pesebre de la burra, debajo de un pino que lo cubría como si a propósito se hubiera plantado, mi madre me decía “nene que te va a morder la burra”.
Cuando mi cuñado Francisco “El Goloso”, venia de La Copa a pretender a mi hermana María, cunado se casaron se fueron a vivir en una casa que había camino de la escuela, mi hermana hecho una pollera de pollos preciosa y yo con mi “inocencia”, por decir algo, hacia de cada pollo dos, que pena de animales, que bestialidad hacia. Cuñado mi cuñado se fue a trabajar a Alemania, me trajo una maquina de cine y yo proyectaba películas para los niños a 5 céntimos la sesión, que ¡¡negociante!!.
Debajo de la casa de mi hermana María estaba la fragua de las minas, allí comencé a trabajar yo con solo 7 años dándole al fuelle para que el “tío herrero” arreglara los picos, las palas, los punteros y las barrenas para el trabajo de las minas.
Mucho vecinos cogian esparto para hacer capazos para las minas, así se sacaban un sueldo extra, este trabajo solían hacerlo los mayores y algunas mujeres.
Recuerdo cuando, enfrente de la escuela, estaba trabajando “El Pulio” con mi cuñado Juan en una cantera y se deslizo una placa que lo aplasto falleciendo en el acto, recuerdo que era martes por la tarde, yo venia de Bullas y La Copa, en Bullas habíamos vendido unos chinos pequeños y con el dinero que habíamos cobrado por ellos compramos en “Los Estrellos” de La Copa vino del que ellos mismos elaboraban en sus bodegas, el viaje lo hacíamos en la burra al igual que cuando íbamos a Calasparra los viernes que era el día del mercado, la burra la dejábamos en la posada que había junto al mercado en la avenida principal del pueblo.
Aunque fui muy feliz allí con mis padres y mis 5 hermanas, también tengo tristes recuerdos, como cuando murió mi hermana Ana en el Collado Alto, cerca de Elche de la Sierra y la trajeron a velar a la casa de Gilico, después fue enterrada en el cementerio de Calasparra, dejando 4 hijos, la más pequeña Ana, recién nacida y a la que tubo que criar mi madre, pero sobre todo mi hermana pequeña Esperanza.
Cuando las minas ya tenían pocos trabajadores e iban en declive me dejaron llevando las oficinas y el almacén y de vez en cuando tenia que subir a Cehegín para entregar cuentas en la oficina central, que frío hacia algunas veces en la moto con mi padre, me pegaba a él para minimizar el frió viento que nos daba.
Que contraste de recuerdos y sensaciones me trae Gilico…
En la plaza de la Casa Dirección caímos hogueras por San Juan y mis padres no reñían por si le pegábamos fuego a algún pino de los muchos que habían en los alrededores, especialmente uno milenario que había en la cuesta que llevaba a la escuela.
Frente a mi casa paraban las vagonetas aéreas que llevaban el mineral desde el Quinito a la estación del tren de Calasparra, en época de primavera criaban los pájaros en nidos sobre las torretas que soportaban los cables de las vagonetas y subíamos a coger los nidos con el peligro de habernos caído y matarnos por aquella altura que superaba los 4 pisos de un edificio actual.
Recuerdo de muy pequeño que el Gobierno de Franco mando hacer una “corta” de leña en los bosques que rodeaban Gilico, montes del Estado, aquello dio mucho trabajo a la gente, pero después fue caótico para los animales del bosque y para los vecinos que vivían muchos de ellos de su carne.
El buen cocinar de mi madre y lo hospitalarios de los dos, siempre atraían a la Pareja de la Guardia Civil, el cura Don José Escribano que decía misa en la escuela y que venia de Valentín, o los ingenieros de las minas o del monte que se ponían como el “Tio Quico”, como se decía antes por allí.
También recuerdo cuando llego el primer aparato de radio a Gilico, todos nos reuníamos alrededor en el para escuchar Radio Intercontinental de Madrid, Radio Barcelona o radio Madrid, Radio Andorra, Radio Murcia o Radio Juventud de Murcia y poco después Radio Calasparra o Radio Bullas donde di mis primeros paso en la radiodifusión con un programa que recaudaba dinero de los vecinos para construir viviendas sociales que mando construir Don José Escribano que fue trasladado de Valentín a Bullas.
Ha, recuerdo que había una emisora de radio que estaba prohibida y por eso y por su contenido les gustaba oír a los mayores, Radio España Independiente, Estación Pirenaica, donde se podía oír unos mítines muy patrióticos de La Pasionaria y de Santiago Carrillo.
Yo recuerdo que, escuchando Radio Juventud de Murcia, un programa infantil por las tardes, me hice socio del club, quería experimentar los que, desde Gilico no podía.
De hecho monte una hipotética emisora de radio hecha con palas de chumbera y hacia discos de cartón con los nombres de los artistas y yo mismo cantaba los temas como aquel de Manolo Escobar, “ni se compra ni se vende” o “yo soy un hombre del campo”.
Nos marchamos a Calasparra y yo depuse a Murcia, Mallorca, etc. Y cuando he vuelto de nuevo a Gilico no he podido remediar unas lagrimas viendo todo aquello donde fui tan feliz durante mi niñez, totalmente abandonado y destrozado.
Hay algo que me viene a la memoria, cuando bajaba a recolectar hojas de eucalipto que las cocía mi madre para tomas “vahos” cuando estábamos resfriados, de paso me acercaba al río Quipar que pasaba frente a las torvas de las minas que era donde estaban los eucaliptos y pescaba con mis propias manos debajo de las piedras unas barbos (pescados) precioso y que me madre hacía en tartera con patatas al horno o fritos.
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